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miércoles, 12 de marzo de 2014

Batiburrillo de hoy



Dicen que aún quedan días para que llegue la primavera. Yo doy fe de que ha llegado ya. Y si no, que se lo pregunten a Bernabé, que si hablara...

Floreciendo cual almendro.

*  *  *

Un poco de poesía que apetece. Se han encontrado nuevos escritos de Leopoldo María Panero y entre ellos un poema que parece supuestamente escrito de forma conjunta con José Luis Pasarín Aristi que parece tener cierto hueco en mi memoria pero del que no podría decir nada y Mariano Iñigo que me es desconocido por completo así que toca ir en su busca.

Las linternas de la luna

"Tus ojos tienen la sed de los presos
y el amor de las salvas,
y caigo bajo la luna
que dibuja sola mi figura
en la celda del condenado a muerte
en la celda de la nada
donde los cuernos de un ciervo embisten a la razón."

"¿Qué hay en este bosque
además del esperma amarillo de los sauces?
La risa atormentada de los labios de una ninfa."

Y para que ese hueco de mi memora tenga algo más que un nombre sin contenido, un poema de José Luis Pasarín

Necesito
la soledad
para vivir
una nueva metáfora.
Una manera
de decir que
vivimos
con la locura
a la intemperie
o somos parvularios
en esto de las emociones
aunque parezca
una paradoja
y haya desquiebro en el intento.

*  *  *
Asaltada por un pensamiento: Hay más sexo en el seno de la iglesia católica que en la vida del común de los mortales. Es lo que tiene lo prohibido. Genera una atracción fatal. Podían tomar nota.

*  *  *

Imagen del día


 *  *  *

Una voz. La de Lisa Gerrard que hoy le apetecía escuchar a mi hija y que para mi no es sólo un gran placer sino un vehículo. A través de ella he dado rienda suelta a esas emociones que se me han atragantado en el corazón a lo largo de los años.






*  *  *

Un empeño de un tiempo a esta parte. No hablar de ciertos sentimientos aunque formen parte del latido diario. No es olvido sino sinrazón. Y como empeño que es, habrá ocasiones en las que se me escapen las palabras en un sin querer.



Podría hacer del batiburrillo algo interminable, pero lo dejamos aquí.

jueves, 6 de marzo de 2014

Proyecto de un beso

Te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra

te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias

te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga

te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra

te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde

te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido

te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra

te mataré mañana cuando la luna salga,
y así desde aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación

te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida

te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas

te mataré mañana cuando la luna salga

te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo, los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles, y madres
para jugar también con los dados de noche

te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.

Leopoldo María Panero

Se nos mueren las palabras, se las llevan los poetas...